El segundo día amaneció regulero, amenazaba lluvia, pero por suerte no le hicimos caso y salimos a pedalear. Pasaron las horas y se despejó, quedando una mañana radiante. La jornada nos sirvió para recordar que el mundo no es perfecto, que las rutas de auténtico mountain bike también tienen porteos, pinchos, ortigas, averías… y una fuerte tormenta al final de la etapa, que sólo nos mojó durante las últimas 3h de ruta!
Lo del chaparrón, desgraciadamente, no pudo quedar para la posteridad: la cámara iba a salvo en el fondo de la mochila y envuelta en la chaqueta de gore-tex…